Carta del Párroco
Desde siempre han hablado los hombres de amor y lo han buscado aunque haya caído una y otra vez en egoísmos inconfesables. Pero tal vez, nunca se había llegado a perder la fe en el amor como parece estar sucediendo en la sociedad contemporánea.
Experiencias dolorosas llevan a muchos a ver en el amor un sentimiento hipócrita y sospechoso que siempre oculta tras de sí un egoísmo camuflado.
Para otros, el amor es algo retrógrado e ineficaz, perfectamente inútil en la sociedad actual. Les parece una ingenuidad pensar en el amor como cimiento de la vida colectiva. Lo realista y eficaz es racionalizar y regular los egoísmos individuales de manera que no nos dañemos demasiado los unos a los otros.
Por otra parte, la tecnología parece exigir regularidad, rigor, repetición, eficacia, seguridad. El amor puede ser mitificado en las novelas de corte más o menos romántico, pero no “sirve” para funcionar en la vida real.
Es decepcionante observar cómo se vive la misma sexualidad al margen del amor, excitando, apaciguando o manipulando el sexo en función de las conveniencias o intereses del momento.
Y sin embargo, sin amor la vida humana se desintegra y pierde su verdadero sentido. Y son muchos los que creen descubrir bajo la agresividad, la frustración y la violencia de la sociedad actual, una inmensa necesidad de unión y comunión.
El prestigioso sociólogo Sorokin afirma que el amor es una de las más poderosas energías de la naturaleza que permanece bloqueada en el corazón del hombre como la del átomo en la materia, y piensa que la gran conquista del porvenir sería la liberación de esta energía espiritual.
Hace muchos años que Jesús pronunció estas palabras: “He venido a prender fuego en el mundo y ojalá estuviera ya ardiendo“. La humanidad no parece todavía madura para comprender y acoger este evangelio. Tal vez, como dice J. Onimus en su sugerente estudio “In terrogations autour de l’essentiel”, “el cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando sólo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”
Pero los creyentes no deberíamos perder la confianza y el aliento. Esta sociedad necesita desde ahora testigos vivos que nos ayuden a seguir creyendo en el amor pues no hay porvenir para los hombres si terminan por perder la fe y el respeto al amor.
Fraternalmente
Pbro. Luis Ferando Sotelo
Párroco