Carta del Párroco
El cristianismo contemporáneo está sometido hoy a críticas muy severas, incluso desde sectores que desconocen por completo el verdadero sentido de la fe. Sin embargo, no siempre se menciona lo que puede ser el pecado clave que paraliza la vida de muchos cristianos: la apatía.
La fe queda viciada en su misma raíz por una actitud difusa de abandono y negligencia. Son «cristianos» que se niegan a vivir la alegría y la responsabilidad de su fe. Han renunciado hace ya mucho tiempo a vivir un estilo de vida coherente con sus convicciones, y su cristianismo se ha convertido en algo abstracto sin apenas repercusión en su existencia diaria.
Probablemente la teología medieval hubiera calificado su postura con el término de «acedía», que literalmente significa «descuido, desidia, indolencia». Esta «acedía» encierra una renuncia a vivir a la altura de la propia fe y juega un papel demoledor en la vida cristiana pues genera tristeza, tedio, falta de gusto por las cosas del espíritu y, en definitiva, aburrimiento religioso.
¿No es ésta la situación de bastantes «cristianos» que viven como huyendo de su propia fe y abdicando de su responsabilidad? Cristianos que viven su cristianismo «bajo mínimos’>, reduciéndolo todo a una especie de «residuo religioso» que difícilmente puede generar alegría y gozo interior. Personas que siguen confesándose creyentes pero cuya vida está dictada por criterios y comportamientos que poco tienen que ver con Jesucristo.
De ahí la actualidad de la parábola de Jesús. Lo importante no son las palabras que pronuncian los protagonistas del relato, sino la conducta real y efectiva. Sólo hace la voluntad del padre el hijo que, de hecho, va a trabajar a la viña.
Ser creyente es bastante más que confesar nuestra simpatía por algunos aspectos del cristianismo o proclamar ligeramente «soy creyente pero no practicante». Expresiones como ésta indican que no se ha comprendido en absoluto que «el Evangelio es una llamada a la responsabilidad adulta» (Harvey Cox).
Por eso, tal vez el primer paso que tiene que dar hoy el hombre o mujer que quiere tomar más en serio su vida y su fe es pararse y responder a preguntas como éstas: ¿Quién quiero ser yo? ¿Cómo quiero orientar mi vida? ¿Qué quiero vivir
Fraternalmente
Pbro Luis Fernando Sotelo Anaya.